05 septiembre 2008


Qué desfile de pensamientos, serenos, ordenados, superfluos y profundos.
Dialogo continuamente conmigo misma, en la soledad del coche, de arriba a bajo, por estas bellas y suaves montañas. Entre pensamiento y pensamiento, trabajo duro, físico, charlas con la gente, sencilla y amable, y nuevamente retomo lo que había dejado, en mi cabeza pausado, esperando una nueva sesión de debate. Rara vez saco conclusiones claras de esta anárquica orgía de ideas, solo entretenimiento, conocerme a mi misma, a veces risas, a veces llantos, a veces lo escribo y otras lo olvido.
Luego en casa, por las noches vuelve a iniciarse el mismo proceso, casi inconsciente, incontrolable.
Sin duda es la soledad la que me provoca esto; pero me gusta, me hace conocerme, me pone a prueba.
Estoy en soledad, pero no me siento sola.